10 julio, 2008

Foto del día







02 marzo, 2008

Sergio Sinay, s/Viktor Frankl

Diálogos del alma
Tiempo de regresar
A partir del próximo domingo, Sergio Sinay, especialista en vínculos humanos, responderá en esta página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Aquí, a manera de introducción, un texto para reflexionar sobre las verdaderas "urgencias" de nuestro tiempo
Los animales saben instintivamente cómo preservar su vida y la de su especie. Pero ningún animal se pregunta cuál es el sentido de esa vida. Los humanos, en cambio, estamos dotados de una cualidad que Víktor Frankl (1905-1977) llamó autotrascendencia. Es el impulso a elevar la mirada desde el propio ombligo, extenderla hacia el horizonte que nos rodea y preguntarnos por el sentido de nuestra vida, de la propia y única que nos es dada. Esto suele motivar el descontento que muchas veces nos acompaña, más allá de los logros, de las apariencias exitosas, de las razones para "estar bien".
Así como recordamos el agua cuando tenemos sed, nos preguntamos por el sentido cuando nos sentimos vacíos de él. Carl Jung dijo que la neurosis es el sufrimiento del alma que no encuentra su sentido. Y el sentido empieza a vislumbrarse, decía Jung, cuando nuestra vida empírica, fáctica, material, se complementa con dimensiones trascendentes y espirituales, y se vuelve parte de un todo más allá de nosotros. Hay sentido cuando dejamos de ser individuos aislados, carentes de empatía, ignorantes del otro. Es allí donde entramos en el territorio del alma. Antes, nos sentimos descontentos, vacíos.
Vivimos tiempos de prodigiosos avances tecnológicos en la medicina, las comunicaciones, los transportes; la esperanza de vida aumenta; hay crecimientos económicos ampulosos. En paralelo, los antidepresivos, ansiolíticos, sedantes y calmantes se consumen como el aire, como el agua, como golosinas, y la consulta psicoterapéutica parece un requisito de vida. El cuerpo es reciclado, exhibido, convertido en fetiche, y los sentidos son estimulados hasta el aturdimiento. Es el siglo de las sensaciones extremas y fugaces, sensaciones porque sí. Convocados por lo aparente, ansiosos por tener, distraídos con la exterioridad, olvidamos el alma. Y lo pagamos con vínculos frágiles, efímeros y superficiales, con depresiones declaradas o encubiertas, con soledades ruidosas, con adicciones crecientes que toman nombres prestados (como "pasión por coleccionar", "gusto por comprar", "fanatismo por esto", "locura por aquello"), con descontento sexual, afectivo, vocacional (más allá de mucho sexo, muchas relaciones o éxito profesional) y con dolor espiritual.
Como la autotrascendencia, la responsabilidad, la capacidad de hacernos cargo de nuestros actos, de nuestras elecciones, de nuestra vida, es humana. Y en ella reside la esperanza de recuperar el espacio olvidado del alma para, habitándolo, construir vidas elegidas, vidas responsables, vidas con sentido. Es una tarea urgente para estos tiempos.
Por Sergio Sinay
Los lectores pueden mandar sus inquietudes por email. Se solicita no exceder los 1000 caracteres. s.sinay@yahoo.com.ar

09 junio, 2006

El tiempo libre, el rival de los medios

Cultura

Los desafíos de la prensa:
conclusiones del congreso de la WAN


Las demandas del lector crecen, en medio del bombardeo informativo y el auge de Internet

MOSCU.- En los últimos años, la amenaza fueron los diarios gratuitos, la Web y, más recientemente, la fascinación por los blogs. ¿Cuál es el depredador que jaquea hoy a los "dinosaurios", como se les dice a los diarios pagos?

El enemigo es menos tangible pero igual de rapaz: la indiferencia.

Esa es la principal conclusión, luego de tres días de deliberaciones en el Congreso Mundial de Diarios (WAN, por sus siglas en inglés), que congregó a más de 1700 editores de todo el planeta hasta ayer aquí.

La explicación no admite rodeos: los diarios competimos por lo más valioso de nuestra audiencia, su tiempo libre, y la competencia por ocupar un lugar dentro del espacio cotidiano de la gente se ha vuelto salvaje y ya no reconoce limitaciones.

Un público cada vez con mayores ocupaciones, preocupaciones y estrés vive un bombardeo informativo a toda hora por una variedad infinita de canales. La lucha se sofistica cada vez más: alguna vez fueron la TV y la radio; hoy se lidia con la Web mientras siguen sumándose adversarios desconocidos: los celulares, el IPod, los videojuegos, y la lista podría seguir.

Hay demasiada oferta y menos tiempo para la lectura. El hábito ha cambiado; el mundo de la imagen cautiva más y lo simplifica todo. O los diarios se reinventan o se arriesgan a morir por inanición. O se vuelven más relevantes para el lector, esto es, logran que éste los valore como verdaderos factores de cambio en su vida diaria y en su sociedad, que lo inquiete, emocione y haga pensar, que se adecue a sus necesidades, o irán perdiendo la voz hasta volverse inaudibles.

Convengamos que estamos dramatizando una pizca, pues los números globales dicen que la venta de ejemplares se mantiene a la vez que surgen nuevos títulos, pero la exageración no le viene mal a una industria que necesita rejuvenecerse permanentemente sin perder un ápice de su esencia ni falsear su identidad: la de informar priorizando lo verdaderamente importante con profundidad en forma confiable, dando valor agregado y, sobre todo, escuchando siempre al lector.

* * *
Veamos algunas de las principales conclusiones y frases para destacar:

Las demandas del lector son la gran prioridad. Hay que escucharlo y hacerlo participar activamente en nuestras páginas y sitios web. Si el lector siente que el diario no tiene que ver con su vida, con su cotidianidad, si no le damos tema de conversación y no le hacemos sentir que le hicimos un aporte personal, posiblemente terminará abandonando el diario.

"Perdamos la arrogancia porque ya no estamos en control de nuestras audiencias; hoy los consumidores tienen el control. La variedad es grande, así que está en nuestras manos acceder a él y crear una relación." (De la directora de un diario británico.)

"¿Cómo captar a los lectores jóvenes? La educación en las escuelas es un camino, muchos nuevos productos han tenido éxito también, pero la nueva generación nació en la era digital, y tiene su propio vocabulario y sus formas de comunicarse. La Web para ellos se está volviendo la vieja biblioteca en la que guardan sus cosas; hoy en el celular lo obtienen todo al instante." (Del panel sobre el desafío de los jóvenes lectores.)

Los diarios de calidad no deben sucumbir al canto de las sirenas de los populares y coloridos tabloides, pues tras el sensacionalismo y la noticia estridente no los aguarda otra cosa que su fin. Están obligados a sorprender constantemente.

El lector observa críticamente que los diarios somos en buena medida transmisores de malas noticias, pero advierte, a la vez, que el fenómeno se está revirtiendo, pues, según un sondeo difundido aquí, para el 41% de los consultados las buenas noticias van ganando lugar en los contenidos.

Internet ya no es un mecanismo de defensa; es un negocio en sí mismo. Por ejemplo, en los avisos clasificados, donde, según un estudio, en 1995 un 2% buscó su casa por la Web, mientras que el año pasado esa cifra subió al 74 por ciento. "Este año, se le perdió el miedo a Internet. Los editores dejaron la pavura para asumir el negocio de la Web con espíritu positivo." (De Carlos Soria, consultor de Innovation.)

"La innovación debe provenir del caos, el disconfort y el deseo de aprendizaje de las redacciones. De esa manera, podrán ver cosas a través de un nuevo lente." (Del director del Media Management Center de Chicago, Mike Smith.)
* * *
Dejamos una Rusia en franca transición, en la que no faltó el condimento político al recibir, en la jornada inaugural, su presidente, Vladimir Putin, un fuerte reto en el mismísimo Kremlin del titular de la WAN, Gavin O Reilly, por los problemas que afronta la prensa independiente en su país.

Pero más allá del revuelo por la admonición hacia este líder parco e inescrutable, que cuenta con el 70% de aprobación de sus ciudadanos, dejamos una Rusia en crecimiento, con el 12% de inflación anual, superávit presupuestario del 7% del PBI, y donde 88 de cada 100 habitantes tienen celular contra los 12 que lo poseían hace sólo 3 años, según la revista Time.

Dejamos una Moscú de tránsito imposible y mujeres altas y provocadoras, que recién está aprendiendo a tratar con el turista, al que recibe pidiéndole llenar el formulario de Migraciones con indicaciones sólo en ruso.

Dejamos una capital de arquitectura majestuosa e intimidante, que sale de otro invierno criminal y encontrará abrigo en el sol reparador de junio, porque el Mundial entregará por TV camisetas de muchos países pero no la suya.

La dejamos pensando en el futuro de los diarios de calidad y nos viene a la mente aquella impecable anécdota que narró el titular de la WAN en su discurso inaugural, extraordinariamente gráfica para ilustrar la dura competencia de estos tiempos.

Recordó O Reilly que hace pocos meses, para referirse al valor del perdón, en una misa de su congregación el sacerdote les preguntó a los fieles quiénes habían disculpado a algún enemigo ese año, y sólo un tercio de los presentes levantó la mano. Insistió el párroco e inquirió a los feligreses quiénes aún mantenían enemigos. Todos menos una persona llevaron sus nudillos al cielo, quedando en absoluta soledad la cándida y diminuta Ms. O Toole, una infaltable anciana que siempre pasaba inadvertida. El padre, atónito, no pudo contener su impaciencia: "Ms. O Toole, ¿qué ha sucedido con sus enemigos?". La anciana, encogida, respondió: "He sobrevivido a todos esos bastardos".
Fernán Saguier
http://www.lanacion.com.ar/812664

28 mayo, 2006

Futbol


Su majestad, la pelota

Objeto de deseo, esfera perfecta siempre en fuga, concentrará la atención del planeta cuando en pocos días empiece el Mundial. Su historia, secretos y emociones que despierta a su paso

Puede faltar el aguatero. O el técnico. También un jugador. Y hasta uno de los arcos. Pero ella es imprescindible. Porque todo –aguatero, técnico, jugadores, arcos, trotecito del referí y delirio de la tribuna– se organiza a su alrededor.
Ella lo sabe y es una reina que exige pleitesía, aunque entrega sus secretos a unos pocos. Sus veleidades encierran una paradoja: sin aristas para sujetarla a nuestros afanes, siempre de viaje, maliciosamente esquiva en su perfecta redondez, ella –así, en femenino, porque la pelota tiene alma de mujer– se prodiga sin embargo con democrática generosidad.
En los barrios pobres, rebota sin queja en los pozos del potrero que se convierte en una pecera cuando caen cuatro gotas. En los ricos, corre sobre la grama verde y mullida en la que no necesariamente la tratan mejor. Donde sí recibirá buen trato –al menos eso se espera– será en el nuevo estadio Allianz Arena, en la ciudad de Munich. Allí, en doce días, un empujón de un botín alemán o costarricense la pondrá a rodar ante los ojos del mundo. Con ese movimiento, la fiesta habrá empezado.
La pelota del Mundial de fútbol de Alemania tiene nombre: +Teamgeist (algo así como "espíritu de equipo", en alemán). En vano: ella nunca respondió a los llamados y no va a empezar a hacerlo ahora, pues la mueven otras lealtades. De todos modos, ese alarde de tecnología de 69 centímetros de circunferencia y 441 gramos de peso concebida por una legión de expertos cifrará para los millones de espectadores de la aldea global todas las pelotas que alguna vez han sido, incluyendo la de trapo, la de goma y hasta el bollito de papel al que propinamos, cuando no había nadie para atestiguarlo, nuestro mejor shot. Todo rito actualiza lo que no cambia, aquello que escapa a la acción del tiempo. Y si en el fútbol hay algo que permanece desde sus nebulosos orígenes –que muchos ubican en la lejana China–, eso es la pelota, redonda y sagrada como un sol.
"En este ceremonial religioso que es el fútbol, la pelota ocupa en el pensamiento mítico del hincha y del jugador el lugar del objeto sagrado, poseedor de vida propia y poder mágico. Como todo objeto sagrado, es ambivalente. Puede traer suerte, cuando sirve para hacer un gol contra el equipo contrario, o desgracia, cuando hace un gol contra el equipo propio", afirma Juan José Sebreli en Fútbol y masas, un libro poco condescendiente con el deporte más popular del mundo.
"Para mí la pelota lo es todo", dice a la Revista Ricardo Bochini, en una muestra de entrega que la redonda supo corresponder con creces, para felicidad de los que gustan de la inteligencia y la sutileza y de los hinchas de Independiente. "Empecé a jugar al fútbol a los cinco años. La pelota fue primero placer y alegría. Después, con el tiempo, también fue medio de vida."
Para el Bocha, como para tantos, la noble bola fue además objeto de deseo. Desde muy chico, jugaba fútbol "mañana, tarde y noche" con sus hermanos y los pibes del barrio, allá en Zárate. Así como pasó por la calle, el potrero y el baby fútbol para llegar a la cancha de once, también pasó por la pelota de trapo ("papel y géneros dentro de una media") y por la de goma para acceder a la de cuero, que llegó brillante y virgen como un amanecer cuando, a sus ocho años, completó con sus hermanos el álbum de figuritas. "Al final, nos faltaban sólo las más difíciles, que eran la de Pelé y la de Néstor Rossi. Las conseguimos y por fin sacamos la número cinco."
El gran Alfredo Di Stéfano tuvo su primera pelota de cuero a los diez años. Un día fue con sus amigos al cine y le dieron un número. Rifaban una pelota y la suerte le sonrió. "Resulta que lo que me dieron fue una pelota de rugby, y nos fuimos jugando con la pelota de rugby por la calle. Saltaba de un lado para otro, parecía una gallina", relata en sus memorias, cuyo título, Gracias, vieja, resume tanto su gratitud hacia quien le dio la vida como hacia la redonda.
"Entonces llegamos al barrio y les dijimos a los más grandes, a los de 17 y 18 años, lo que nos había pasado: En vez de darnos una pelota nos han dado esta mierda. Les fuimos con el cuento porque éramos vivos. Volvieron al cine con nosotros y le dijeron al gerente que como no nos dieran una pelota de fútbol le reventaban el cine. Claro que se la dieron... Una pelota de verdad. La teníamos que engrasar con sebo. Era de cuero, de esas con un cordón para atarla cuando la hinchabas. Si cabeceabas con eso te hacía una raja en la cabeza."
La pelota es objeto de deseo, antes y ahora. Una cualidad que tiene que ver incluso con el erotismo. "Es el objeto que hay que conquistar, que preservar, y con el que finalmente hay que penetrar. La simbología erótica es clarísima", señala Pablo Alabarces, magíster en sociología de la cultura, docente de la UBA y autor de Fútbol y patria.
Alabarces comenta que hay otro símbolo muy claro en la pelota: la perfección de la esfera. Ya para Platón la esfera era la figura más perfecta. Alegoría de la totalidad y del infinito, en sí misma contiene al mundo y puede rodar por todos los caminos.
Bilardo ha vaticinado que el de Alemania será el mundial de la pelota parada, pero es difícil que el balón desoiga el mandato de su naturaleza. La Real Academia Española define la esfera con belleza de haiku: sólido terminado por una superficie curva cuyos puntos equidistan todos de otro interior llamado centro. Cualquier objeto que responda a esta descripción tenderá a alejarse de quien lo posea. Basta la inclinación del plano o un golpe de viento. O una patada.
Si es por rodar, la pelota viene rodando desde lejos. La patada inicial la dieron los chinos hace más de 2300 años en Linzi, antigua capital del reino Qi, según concluyeron hace dos años 36 expertos en historia deportiva, arqueología y cultura de China. Todo habría comenzado cuando Fu-Hi, unos de los grandes gobernantes de la China antigua y apasionado inventor, apelmasó un manojo de raíces duras y cerdas de animal hasta formar una masa esférica que recubrió con pedazos de cuero crudo. Así nacía el cu-ju, antiguo fútbol chino (cu significa patear y ju, pelota), en el que había que embocar el balón con el pie en una red de apenas 40 centímetros fijada con varas de bambú.
Hay un antecendente más lejano, el pok ta pok de los mayas, un juego ritual que hace 3000 años se popularizó en México y en gran parte de América Central. Un aro colgado a tres metros de altura oficiaba de arco. La pelota de caucho podía ser golpeada sólo con el antebrazo, los codos, los hombros o las caderas. A los ganadores, en lugar de un trofeo se los premiaba con la muerte, en ofrenda a los dioses. Algunos estudiosos afirman, en cambio, que tal suerte se reservaba para los perdedores.
Los organizadores de Alemania 2006 llevaron el mes pasado a Berlín el pok ta pok, como antecedente milenario del fútbol. En un partido comentado por la BBC, doce jugadores mexicanos vestidos con atuendos tradicionales y con el cuerpo y el rostro pintados se enfrentaron al son de flautas y tambores rituales. El partido terminó 5 a 0, pero después de las duchas no hubo degüeyos sino una recepción para todos los jugadores de la que participó el mismísimo Franz Beckenbauer.
De los mayas al Kaiser, hay algo que siempre quitó el sueño a los enamorados de la pelota: cómo lograr que responda a sus intenciones. Según Bochini, el grado de obediencia que se obtiene de la redonda depende en medidas parejas del talento natural que se trae de la cuna y de las horas de juego que se acumulan al calor de la pasión. Todo aficionado al fútbol, de todos modos, suele tener su momento de gloria, esa ocasión mágica en que la bella dama entrega lo mejor de sí.
"Allá por el año 77, en Uruguay, jugamos con el equipo de la radio contra un combinado de periodistas europeos –rememora Víctor Hugo Morales, que aún recuerda con cariño la pelota de goma que recibió una mañana de Reyes, a los cinco años–. Fue un tiro libre a unos tres metros del área. Todavía puedo sentir en el pie la forma en que le pegué. Yo tengo pie grande, una contra para entrarle fuerte con pelota detenida. Le di con el empeine, suave, a colocar. La pelota sobrevoló la barrera y se metió en el ángulo."
Cuando la pelota planea invicta, después de la patada, es un mundo en rotación que concita todas las miradas. Como la Tierra vista de lejos, hay un instante en que parece detenida. Se detiene también el aliento y todo puede suceder. Porque si un soplo divino o el Big Bang condenaron a la Tierra a repetir la misma órbita, con la pelota es distinto: detrás de su vuelo hay un botín y nunca dos balones surcaron el aire del mismo modo. A este enigma –a darle sustento físico al milagro de Víctor Hugo, digamos– se consagró un equipo de científicos hace cuatro años.
Deslumbrados por la forma en que los cracks la empalmaban en los tiros libres para depositarla sin escalas en la red, los investigadores se propusieron "develar algunos de los secretos de la trayectoria curva que describe un balón después de ser golpeado". Tras ensayos en túneles de viento, análisis con videocámaras de alta velocidad y simulación de trayectorias, dieron con algo llamado fuerza de Magnus, que explica cómo el movimiento de rotación de la pelota en el aire, en virtud de complicadas leyes físicas que se ocuparon de medir, provoca el desvío de su trayectoria.
El efecto Magnus –comprobaron los científicos– se intensifica al final del vuelo del balón, cuando su velocidad decrece. Sólo así pudieron explicarse el gol de David Beckham contra Grecia en un partido clasificatorio para el Mundial de Japón, que pusieron bajo la lupa. El rubio le entró con la derecha a una velocidad de 36 metros por segundo, desde 27 metros, con una rotación considerable. La esfera de cuero pasó medio metro por encima de la barrera, a una altura muy superior a la del travesaño. Luego de desviarse lateralmente unos tres metros debido al "fuerte efecto empleado", redujo repentinamente su velocidad a 19 metros por segundo y cayó justo frente al arco como si una mano invisible la hubiera descolgado, colándose por el ángulo ante la mirada azorada del arquero. Cosas de la física. Se entiende ahora la desesperación del incomprendido Pasarella cuando, impotente, espetó su célebre "la pelota no dobla" después de que sus chicos cayeran frente a Ecuador en las alturas de Quito, hace ya diez años.
"Todavía me sorprende que jugadores como Roberto Carlos o Beckham sean capaces de hacer lo que hacen –concluyó el doctor Keith Hanna, que participó de las investigaciones junto con científicos de la británica Universidad de Sheffield–. Sus cerebros deben analizar cálculos de trayectoria muy detallados en pocos segundos a partir sólo de su instinto y de la práctica. Nuestras computadoras necesitan varias horas para realizar los mismos cálculos."
Hay algo que el doctor Hanna debería haber advertido: ella escapará siempre de todo cálculo. No por nada el gran Dante Panzeri tituló uno de sus libros Fútbol, dinámica de lo impensado. Cada cual, de acuerdo con sus dones, le saca lo que puede. Porque cada cual –del brutal pelotazo a la tribuna a la caricia más sutil– la trata como puede. Así, alrededor de ella se tejen estilos, tradiciones, escuelas, filosofías. Dime cómo la tratas y te diré quién eres. Para Alabarces, el gesto clásico argentino frente a la pelota es la pisada. Pero aclara que eso se ve más en los chicos. En el fútbol profesional –previene–, el mito del jugador argentino queda reservado para excepciones que se pueden contar con los dedos de la mano.
"La pisada es el gesto argentino por excelencia. Eso de aplastarla bajo el botín y tenerla dominada –grafica–. ¿Qué refleja esa actitud? La voluntad de poseerla. Y cierto egoísmo, también. Pero cuidado: creo que primero se inventó el mito de que había una forma criolla de jugar al fútbol, y luego se empezó a jugar de esa manera."
Es cierto, los potreros y las canchas argentinas están llenos de Alonsos y Maradonas que detienen su trote y alzan la vista como si otearan la inmensidad del océano, mientras ella descansa bajo la suela. En ese trance, más que enfocar el desmarque de algún compañero, muchos de estos chicos quizá sueñan con un futuro de gloria, fama y dinero. "En estos años de crisis, la pelota representa también la posibilidad de salir de la pobreza –aporta Enrique Pinti–. La chicas quieren ser modelos, y los chicos, futbolistas, siguiendo los modelos de Susana Giménez y Maradona. Cuando yo era chico, a los jugadores se los adoraba, pero Boyé, Pedernera o Labruna no eran millonarios. Hoy muchos los son."
Algún atractivo especial debe tener la pelota, especula el humorista y actor, porque hasta los perros y los gatos la siguen. Y señala que la importancia que le dan los argentinos al esférico se traduce, sin ir más lejos, en el lenguaje: Dame pelota, decimos cuando queremos que nos presten atención.
Al contrario de quienes, como Borges, se preguntan qué demonios puede tener la pelota para que veintidós locos se desgañiten por ella ("¿por qué no le dan una a cada uno?", ironizó el escritor), hay quienes le agradecen los servicios prestados. La lucha simbólica que se organiza a su alrededor entre unos y otros, dicen, sublima la violencia propia de las pasiones humanas extremas, que, de no ser por ella, podría adoptar manisfestaciones más cruentas, como la guerra.
Pero que la pelota ha dejado de ser sólo un juego para convertirse en una industria millonaria con sus claroscuros ya no hay quien lo dude. "El oficio de chutar balones está plagado de lacras –ha dicho el escritor mexicano Juan Villoro–. Levantemos veloz inventario de lo que no se alivia con el botiquín del masajista: el nacionalismo, la violencia en los estadios, la comercialización de la especie y lo mal que nos vemos con la cara pintada."
De cualquier modo, el juego es cosa seria. Cuando en doce días el referí pite el silbato, a más de medio planeta se le subirá la pelota a la cabeza y el mundo se detendrá durante un mes, como ocurre cada cuatro años. Y ella, como una reina, como esas cosas que nunca se alcanzan, volverá a concitar todos los afanes, todas las miradas.
Por Héctor M. Guyot
Fotos Daniel Pessah y gentileza Adidas. Ilustración de tapa: Sebastián Feldman
Agradecimiento: Hugo Chavarrieta, de la parrilla La Brigada, por facilitarnos las pelotas de fútbol de su colección.
Un juego de niños
En un país en el que el deporte nacional es el fútbol, como la Argentina, la pelota atrae a los chicos desde muy temprano. A los dos años, con el desarrollo de la motricidad gruesa,los niños pueden tomar y patear una pelota. A los cuatro o cinco pueden participar en actividades deportivas, con reglas adaptadas para la edad. “La pelota estimula habilidades como la psicomotricidad gruesa y fina, la integración visoespacial y la coordinación ojo-pie. También capacidades cognitivas, como la planificación y la estrategia, y sociales, cuando hay trabajo en equipo”, señala Marina Bietti, psicóloga, directora de Dr. Jugando, un emprendimiento cuyo objetivo es analizar y recomendar juegos y juguetes infantiles.
Un balón de alta tecnología
La tecnología de termosoldado permite que la +Teamgeist, pelota oficial del Mundial, sea casi impermeable. La absorción de agua sólo aumenta un 4,5% su peso, que oscila entre los 441 y los 444 gramos
Según pasan los años
1978
Tango (Argentina). Las piezas con “tríadas” creaba la ilusión de que había 12 círculos iguales
1970
Telstar (México). Hecha completamente de cuero, con 32 piezas cosidas a mano
1986
Azteca (México). Primer balón oficial sintético de la copa mundial. Redujo la absorción de agua
1990
Etrusco (Italia). Se avanzó en el uso de materiales sintéticos. Su impermeabilización era total
1994
Questra (EE.UU.). Con una capa de espuma blanca de polietileno, era un balón más rápido
1998
Tricolore (Francia). Primer balón multicolor. Tenía microburbujas de gas muy resistentes
2002
Fevernova (Japón). Cambió el diseño imperante desde la Tango, bajo la inspiración de las culturas asiáticas
2006
+Teamgeist. Su configuración de 14 piezas reduce los puntos de contacto entre tres piezas, formando un exterior homogéneo y perfectamente esférico
Un equipo redondo
Un total de 960 balones esperan el momento de ganar protagonismo en el Mundial de Alemania, que comienza el 9 de junio con el partido inaugural entre la selección local y Costa Rica. Cada uno de los 64 encuentros tiene asignado un juego de 15 pelotas +Teamgeist, creadas por Adidas, que llevan impreso el estadio donde se celebra, la fecha y hora del partido y los nombres de las selecciones que lo disputan. El último Mundial en el que hubo pelotas “libres de marcas” fue el de 1966.
Duras pruebas de calidad
La +Teamgeist, pelota oficial del Mundial de Alemania, fue sometida a duras pruebas de calidad por su fabricante, Adidas. En la prueba de tambor, se controla la durabilidad de la superficie impresa del balón. Con el fin de calcular la circunferencia media (de 69 cm), cada pelota se mide en diez puntos distintos. En las pruebas con pierna mecánica se mide la precisión.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/808657



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Vargas Llosa


Sábado 27 de mayo de 2006

Vargas Llosa presentó "Travesuras de la niña mala"
El amor no es un tema ligero
El escritor defendió su elección de una historia romántica en su último libro "Será una debilidad senil", bromeó Mario Vargas Llosa, ante la pregunta que insistía en saber por qué eligió escribir una historia de amor.

"El amor es la experiencia más compartida de los seres humanos y es uno de los grandes temas de la literatura. Contar una historia de amor de manera fresca era una idea que me daba vueltas desde hace muchos años, pero no me atrevía", concedió el escritor, en referencia a "Travesuras de la niña mala" (Alfaguara), su última novela.
Es, en efecto, una crónica de los amores itinerantes de Ricardo Somocurcio -un traductor de la Unesco, peruano, claro, cuya única ambición es vivir en París- y Lily, la "niña mala" del título, esquiva, egoísta y desprejuiciada. Tan importante como esa historia de vaivenes emocionales es el entorno en que se desarrolla: Vargas Llosa hace circular a los personajes por el París revolucionario de los 60, el Londres hippie y liberado de los 70, el Madrid de los 80, y los entrecruza con revolucionarios idealistas, hippies, chamanes, la frivolidad de la alta sociedad parisina y londinense y, de lejos, un Perú siempre convulsionado políticamente.
Desde Madrid, en una videoconferencia con periodistas de once países latinoamericanos, Vargas Llosa defendió el tono "ligero" de su última obra, rescató el entorno de ciudades y acontecimientos como "lo más autobiográfico de la novela" y se detuvo en los escritores jóvenes latinoamericanos, en quienes lamentó la ausencia de "interés por la política". "Hay textos que a uno le hacen pasar malos ratos, pero esta novela la he escrito con mucho gusto, pasándolo bien", contó, coherente con su idea de que "con la literatura nos defendemos de la infelicidad".
"En este amor, como en todas las relaciones amorosas, hay altibajos, momentos hermosos y otros dramáticos, pero si le preguntáramos a Ricardo si pudiera elegir, estoy seguro de que elegiría quedarse con ese amor", interpretó el autor de "La Fiesta del Chivo". "Sin esa pasión, su vida hubiera sido mucho más gris, más rutinaria, más mediocre", dijo.
Sin ligerezas
¿Marca esta novela un giro hacia una prosa más ligera?, se le preguntó. "El amor no es tan ligero, es un tema que puede ser muy dramático. Lo que es más ligero es la manera como esa historia está contada. El título es risueño, tiene algo de picardía y humor, y quizás eso puede dar idea de una novela más bien leve, pero allí se tocan temas importantes", se defendió sin perder la sonrisa.
Como sucede en la mayoría de sus textos, la novela tiene elementos autobiográficos, que el autor reconoce, pero esta vez están puestos en el entorno. "Allí he usado mucho más mi memoria y experiencias porque he vivido en las ciudades y en las épocas allí descriptas", relató, y las usó como "el telón de fondo apropiado para mostrar en qué contextos políticos y sociales tenía lugar esta historia", dijo el ganador del Premio Cervantes.
Desde Europa, donde vive, el escritor rescató la aparición de una generación de escritores latinoamericanos "con una pasión absorbente por la problemática contemporánea", pero lamentó que muchos no se interesen por la política. "Creo que el escritor debería contribuir a hacer tomar conciencia de la importancia de la libertad y la democracia", afirmó.
Al tema volvió cuando, desde la Argentina, se le preguntó por la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, el próximo 4 de junio. "Son unas elecciones cruciales porque de ellas puede resultar que se desplome la democracia que tenemos o que continúe. Creo que sería una insensatez, casi un suicidio, renunciar a la democracia y elegir el autoritarismo militarista y nacionalista, que tantas catástrofes trae consigo", analizó.
Por Raquel San MartínDe la Redacción de LA NACION


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